Muchas gracias por compartir esto con nosotros jean y por tu comentario también vale, ambos fueron grandes referentes para mí este año.
Navidad - ¿locura o sentido común?

¿Para qué la Navidad? ¿Tiene todavía algún sentido hoy? ¿Aun independientemente de las creencias e iglesias?
En la era de la sobreinformación no hemos llegado a tener una información necesariamente más fundada y referente, sino que se multipliquen las versiones – generalmente superficiales – y hasta se entremezclan con falsas informaciones… resulta que cada vez menos personas tienen claridad sobre fundamentos que sostienen una cultura del sentido común.
Navidad es uno de estos fundamentos. A la persona de mente abierta y segura no le importa si es una fiesta “pagana” o de dónde viene, sino que propongo que vayamos profundizando el sentido de tener una fiesta como esta, y de PONERLE ése sentido a nuestra fiesta, independientemente de si la queremos llamar “Navidad”, y de si queremos adoptar ciertos rituales u otros… la FORMA en la que la celebramos es totalmente independiente para cada uno, pero el FONDO se encuentra como un aspecto esencial y común.
1 – El útero, Protección y vulnerabilidad
Encontrarse en casa es quizás la cosa que parece más banal… pero en realidad hay una gran diferencia entre “convivir a diario” y “encontrarse”. Primero suele ser un desencuentro constante con roces y comunicación a medias, debajo de prioridades que suelen ser otras que el encuentro en sí. Encontrarse es percibirse, dedicar un rato de nuestro tiempo al valor más importante y constante, que es el del SER en frente, y del “Espíritu” de grupo, de los valores compartidos.
Encontrarse también con el centro de crecimiento, es decir el entorno más referente, bello, seguro, que debería ser el “hogar”. En consecuencia, estar “en casa” el día de Navidad le suma al símbolo, y particularmente si se cuida, limpia, adorna la casa, como lo haríamos con nuestro cuerpo para celebrar la importancia de un encuentro.
El hogar es símbolo de protección. Es por así decir nuestro útero material, aquel que reemplaza al primer sitio uterino en medio del sacro (“sagrado”) de nuestra madre. Por ello, no puede haber una persona desatinada en este máximo símbolo de prosperidad nutritiva, se deben resolver los conflictos antes y fuera de este ámbito. Al dar a nuestros hijos una sensación de real respeto y protección, llegamos a crear un afecto sostenedor, una base de confianza, una plataforma de encuentro… hasta poder encontrarnos en nuestras partes más vulnerables sin temer nunca el sentirse “expuesto” a la injusticia, el juicio, la burla y el abuso.
Los hijos – y los padres – que logran vivir estos momentos de vulnerabilidad gracias a la óptima protección suelen desarrollar una franca conexión consigo mismo, lo que le da vida y carisma al gran atributo de la empatía.
Por lo contrario, quienes están sufriendo el miedo a la desprotección, desarrollan reflejos de “autoprotección” que no son otros que murallas, apariencias, mentiras, ocultamientos, y que los separan de sí, como de los demás, y socavan su carisma natural.
2 – El tronco, Centro de fuerza compartida
El símbolo del tronco (del árbol de Navidad) se refiere al eje central de la familia. Puede ser comprendido como una persona (dominante) en el sistema familiar, pero mejor se debería acceder a través de procesos de ESCUCHA, clarificación, priorización y coordinación de los presentes en el grupo familiar, teniendo en cuenta la dominancia de los elementos más sabios.
La sabiduría se impone siempre en dónde va facilitando las soluciones SISTÉMICAS, constructivas y protectoras de la creatividad, de la vida. A ella se contrapone el capricho de la individualidad, que muchas veces resulta de un impulso, sin que sea necesariamente constructivo para uno o para el sistema.
3 – El seguimiento se planifica antes del final
La mayoría de la gente suele planificar el año a partir de año nuevo… en realidad, año nuevo es un momento de descanso, y uno descansa mejor cuando tiene bien en claro a dónde va, que si uno tiene que movilizarse a planificar. Un testamento se hace antes de morir (perdón la comparación, pero por su fuerza nos va concientizando mejor) … lo mismo con un año: un año nuevo se afronta con mucho mayor firmeza si uno se va despidiendo con claridad de acción. Además, es más fácil despedirse de algo sabiendo a dónde vamos, que despedirse y “lanzarse hacia lo desconocido”.
Es el concepto MDS de planificación para evitar la improvisación y sus consecuencias de escasez.
4 – Cada Ser es un regalo
En vez de fijarse en qué podemos COMPRAR en Walmart para no llegar con “las manos vacías” y afrontar el “qué pensarán”, el símbolo de la navidad apunta mucho más en regalar nuestra ATENCIÓN y nuestro TIEMPO para los integrantes de la familia, y para el EQUIPO que representa la familia en medio de esta atención. Aprender del otro, enseñarle algo desde la sinceridad, esto son los verdaderos regalos.
El resto…. Es consumismo y suele ser un intento de tapar nuestra incapacidad en vincularnos desde la genuinidad, ni bien estamos “presos” en medio de los patrones establecidos en un grupo.
5 – Unión entre lo inmaterial y la materia
Los regalos “que vienen del cielo” y desde un anciano al que le dicen “niño Dios” se pueden entender como que toda fuente de vida viene desde lo inmaterial, y que en lo inmaterial no existe edad, ni lugar fijo… pero si, fuerza sin intención dañina (los ciervos simbolizan más inocencia que un toro por ejemplo), inspiración (imagen del sabio que lo sabe todo sobre uno, con recursos infinitos en su bolso) y de forma natural, sin resistencia (trineo) pero con destino claro (tu mismo/a).
Mientras tanto, abajo está el símbolo de la incondicionalidad (nieve) que recibe y sostiene la llegada de todo aquello que venga de arriba. Así en la vida: cualquier cosa, mueble, invento, máquina, proyecto, animal o persona, es manifestación de algo inmaterial en medio de la materia. En este sentido, la materia no tiene “intención propia”.
6 – Ritmos de valoración saludables
Una vez al año, es mejor que nunca… y esto, en medio del invierno (en el hemisferio norte, dónde nació el ritual), coincidentemente con el final del año, es decir en el momento lógico más propicio para hacer balance y planificar los siguientes pasos a seguir. Toda vida se rige según los ritmos que se van coordinando. Entre sí, los ritmos van interactuando, y forman una suerte de “concierto de ritmos”. Comer, dormir, hablar, callar, beber, trabajar, festejar, comprar, desechar, planificar, hacer, no hacer nada, respirar, caminar, digerir, etc., son ejemplos de estos ritmos. Estar fijo en cualquier ritmo es perder la flexibilidad y una parte de nuestra participación a la vida.
Conclusión: El periodo de fin de año es el mejor momento para encontrarnos, con uno mismo, y entre nosotros. Como en el establo del niño Jesús, dónde los (instintos) “animales en uno” se van enfocando en proteger nuestro potencial de vida, nuestra genuinidad en medio de la vulnerabilidad por inocencia (bebe) que al mismo tiempo es nuestro mayor pimpollo de creatividad, podemos celebrar con ritmo anual este momento de unión como equipo familiar, fortalecer el concepto de NÚCLEO, de centro referencial y reactivo.
Y podemos olvidarnos de todos los careteos y las mentiras a las que tanto nos hemos acostumbrado, a tal punto que iban a desencantarnos definitivamente de esta fiesta de fiestas, llegando a descalificarla por lo absurdo de comprar lamparitas chinas y cortar millones de árboles, cocinar el pavo, mientras seguíamos con las manipulaciones familiares que tanto nos dañaban…
El referente MDS tiene otra conciencia, y aprende a valorar lo genuino. Si bien a veces significa hacer el primer paso en medio de un entorno que nos juzga por hacer lo correcto, y hasta puede parecer que uno se separa de parte de la familia por ello (en realidad que parte de la familia elige quedarse atrás) en realidad es marcar el primer paso para que quienes quieren darle un sentido a la familia puedan acercarse, ni bien empiezan a revisarse (activamente), y soltar los viejos patrones recibidos (pasivamente) durante la propia infancia.
Creo que vino la hora de darle sentido a lo que hacemos, particularmente en el ámbito familiar, y de no seguir más haciendo las cosas sin sentido porque "todos hacen lo mismo". Así marcamos una diferencia, rescatamos los valores, y contribuimos a que el sentido común no se vaya perdiendo junto a la alegría de convivir. Nada que ver con formas de religiones, pero sí mucho que ver con nuestra conexión fundamental con la Creación, el Creador, el perdón, los valores, y la dinámica del bien vivir.
¡¡Feliz Navidad!!
Jean Niklaus, presidente de la Fundación Medicina de Sistemas